
Cuenta el mito que Apolo estaba enamorado de Casandra. El dios le prometió enseñarle las artes del vaticinio si se entregaba a él. Ella aceptó, pero una vez que supo de los arcanos de la adivinación, no cumplió su parte del trato. Apolo en venganza le escupió en la boca, quitándole la persuasión. Así a cada vaticinio que ella realizara nadie le creería.
En días como hoy Casandra sigue viva. Vaticinando terribles desgracias para la humanidad toda (bah!, no toda). El aire se envenena cada día más, el agua que bebemos tiene cianuro, el director de SPSE (Servicios Públicos Sociedad del Estado) de Santa Cruz solo toma agua mineral, por los altos índices de polución del Río Gallegos… etc., etc.
¿Dónde está Casandra? Eche un vistazo a las organizaciones ecologistas, asambleas ambientalistas ciudadanas, el corte de ruta en Gualeguaychú. Ellos vaticinan terribles destinos si no los escuchamos. Horribles malformaciones para nuestros hijos si no tomamos conciencia que las pasteras en el Río Uruguay, la minería del oro, la plata y el uranio, la deforestación de las selvas autóctonas, la construcción de represas inútiles nos marcarán irremediablemente los genes y ya no seremos lo que fuimos (porque definitivamente ya no lo somos).
Pero nadie les presta atención y por supuesto nadie les cree.
Todos miran Tinelli y el culo del gato de turno deslizándose por un caño.
¿Qué, no me cree?
Tal vez Apolo haya escupido en mi boca.
Si quiere sacarse la duda pídale al jefe de saneamiento de su ciudad que tome un vaso de agua de la canilla de la cocina.
Después me cuenta.
